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“Cada peso invertido en la prevención de desastres ahorra 10 en la reconstrucción”

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“Cada peso invertido en la prevención de desastres ahorra 10 en la reconstrucción”

Su propuesta teórica apunta a que las cualidades de los sedimentos donde se propagan las ondas sísmicas influyen, en parte, en la duración de los terremotos.

Cuando tenía 11 años, el terremoto de 1985 en México que ocasionó miles de muertes en México marcó la vocación del geofísico Víctor Manuel Cruz-Atienza. Ahora, a sus 43 años, el investigador del departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM figura en la lista de los 10 científicos más relevantes de 2017 según la revista británica Nature debido a la precisión de sus modelos sísmicos. Cálculos en papel que se verificaron empíricamente con cada derrumbe ocasionado por los sismos del 7 y del 19 de septiembre pasados.

Su propuesta teórica apunta a que las cualidades de los sedimentos donde se propagan las ondas sísmicas influyen, en parte, en la duración de los terremotos. En la Ciudad de México, ejemplifica Cruz-Atienza, la duración de la fase intensa de un sismo dura unos 30 segundos en Ciudad Universitaria un sitio de roca firme, mientras que en las zonas más cercanas al centro de la capital esta fase puede extenderse a 90 segundos. La diferencia radica en el tipo de sedimentos de ambas áreas.

Pregunta. ¿Cómo fue que desarrolló su pasión por la sismología?

Respuesta. El sismo del 85 a mí me marcó profundamente, siempre las sacudidas del suelo han despertado en mí algo instintivo, una cuestión que no logro entender, no es que no logre entender intelectualmente porque uno estudia eso, pero la sacudida como tal es algo inusual, es algo que rompe los esquemas y fascina.

P. ¿Los modelos teóricos que ha diseñado pueden contribuir a predecir sismos?

R. No, de ninguna manera. Lo que nos permiten [estos modelos] es entenderlos mejor y saber qué podría pasar en un sismo futuro, de qué tamaño podrían ser las sacudidas, en qué zonas se podrían concentrar los daños, hacia allá va ese conocimiento.

P. ¿Este modelo teórico nos permite conocer las zonas de mayor peligro sísmico en la Ciudad de México?

En la medida en que los políticos inviertan dinero en la ciencia y en la prevención será que los desastres no ocurrirán
R. Sí, la respuesta es sí, aunque también hay otras herramientas muy poderosas no solo estos modelos teóricos como la observación de muchos sismos anteriores.

P. ¿Cuáles son sus planes hacia el futuro para esta investigación?

R. El plan ahora es seguir mejorando nuestra descripción del medio de propagación de la estructura interna de la Tierra para poder generar escenarios aún más precisos que nos permitan cuantificar las sacudidas con más precisión y que permitan eventualmente el contrastarlas con las medidas de los reglamentos de construcción.

Ahora lo que estamos haciendo es un proyecto muy grande que tenemos con Japón en el que estamos instrumentando como nunca antes se había hecho en México la brecha sísmica de Guerrero. A partir de todos esos datos vamos a poder constreñir mucho mejor estos modelos teóricos para generar escenarios de terremotos futuros para cuantificar el peligro asociado a las sacudidas por un lado y a los tsunamis que podrían generar esos grandes terremotos.

P. ¿Cuánto tiempo tiene trabajando en la investigación en colaboración con Japón?

R. El proyecto es por cinco años y estamos por concluir el segundo año de trabajo. Yo soy el responsable líder en México, tengo mi contraparte en Japón, por lo tanto, nos quedan tres años de trabajo. Es un trabajo muy ambicioso en el sentido que pretende mitigar los riesgos por terremotos y tsunamis. Más de 60 investigadores están involucrados tanto de Japón como de México.

P. ¿Este proyecto es financiado por fondos públicos o privados?

R. Este proyecto está siendo financiado, en dos terceras partes, por el gobierno de Japón a través de su agencia de cooperación internacional. La otra tercera parte está financiada principalmente por la UNAM y en una menor parte por Conacyt y estamos buscando más fondos para poder hacer esto mucho mejor. Con un millón de dólares más que tengamos podríamos entender mejor lo que está ocurriendo en la brecha sísmica de Guerrero y poder desprender medidas preventivas mucho más robustas.

P. Hasta ahora ¿cuánto dinero tienen para analizar la brecha sísmica de Guerrero?

R. Es aproximadamente de 5,5 millones de dólares. Yo estoy instando a la iniciativa privada para conseguir más fondos. Ojalá que este reconocimiento [de la revista Nature]  permita a las autoridades mexicanas el darse cuenta de que nuestro trabajo es reconocido a nivel internacional, que tiene perspectivas en el futuro, no solo en la ciencia sino también en la protección civil.

P. ¿Tragedias como los pasados sismos de septiembre incentivan la investigación sísmica?

R. Claro, así pasa siempre cuando ocurre una tragedia. La gente y las autoridades se sensibilizan. El problema es que si no hay una cultura detrás una idiosincrasia que entienda el valor que tiene la prevención, que tiene el destinar dinero a la ciencia, a la tecnología, entonces esto se va a diluir esta coyuntura, esta sensibilidad.

P. ¿Qué políticas públicas pediría a las autoridades federales y locales que tomarán posesión a partir de 2018 para impulsar la ciencia en México?

R. ¿Qué se les podría decir? No más de lo que yo ya les he dicho insistentemente que las autoridades entiendan que los desastres en una sociedad dependerán de las decisiones que tomen. En la medida en que los políticos y las autoridades inviertan dinero en la ciencia y en la prevención será que los desastres no ocurrirán. Por cada peso que el Gobierno invierta en prevención se va a ahorrar de cinco a diez pesos en el dinero que, obligadamente, tiene que invertir para reconstruir. Espero que un mensaje de este tipo pueda penetrar en el discurso político y sea llevado a cabo.

P. ¿Puedo haberse reducido la tragedia ocasionado por los sismos del pasado septiembre si se hubiese seguido esa premisa?

R. Se hubiera podido reducir la tragedia de haber políticas más apropiadas, por eso los políticos tienen que consultar a los científicos y expertos para efectuar su toma de decisiones. Al final, lo que hace falta es la voluntad política y la visión para que opiniones de esta naturaleza tengan valor o no.

P. ¿Los jóvenes en México están interesados por la ciencia?

R. Hace un par de años escribí un libro de divulgación sobre terremotos con la intención de poder permear la conciencia particularmente de los más jóvenes, porque es ahí donde hay que empezar a construir esta cultura de prevención y del conocimiento. Parece ser que la respuesta de los jóvenes millenials a raíz de esta tragedia [de los terremotos en México] fue buena, fue positiva, lo cual sería interesante entender por qué, a lo mejor hay una conciencia en ese rango de la población a la que habría que darle recursos para que se desarrolle.

 

El País

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